HUAYNA POTOSÍ 6088 msnm
Son las 11 de la noche y suena el despertador (?) ¡carajo! no he dormido nada desde ayer. En el campo alto, a 5200 mts no sobra el aire y cualquier movimiento es un gran esfuerzo. Fuera ha estado nevando toda la tarde, preparamos un café caliente y alistamos todo el equipo. Ya estoy cansado y aún no he comenzado a caminar. Salimos fuera, sigue nevando, esto va a ser más duro de lo que pensaba...poco a poco vamos avanzando sobre la nieve y el cuerpo se pone a tono, en la distancia se ven unas luces que nos siguen, hemos sido los primeros en subir y alguien se está aprovechando de la huella abierta; pronto nos darán alcance.
De repente se abre el cielo, deja de nevar y a lo lejos se ven las luces de la Paz, hay luna llena y el espectáculo es increíble, ahora todo tiene sentido. Seguimos caminando, sobre las cinco de la mañana llegamos a unos 5900 mts cada paso agota las reservas de energía y comienzas a dudar de que sea posible. Ahora nos encontramos con el verdadero obstáculo, una pared de casi 100 mts y una inclinación que parece imposible; además está cargada de nieve recién caída y comienzan las dudas. Andy el inglés dice que no puede más y se da la vuelta. Nosotros decidimos seguir avanzando a ver qué pasa. El problema es que salga el sol y la nieve se convierta en una trampa, en la pared casi vertical se pueden producir avalanchas. Unos pocos metros más adelante el otro grupo decide no seguir, sólo quedamos Félix (mi guía) y yo.
- ¿Tú cómo lo ves Jorge? - no sé, la nieve está bien, pero tú eres el guía, si sigues para arriba yo te sigo. -Está bien, vamos a continuar pero hay que llegar antes de que salga el sol; hay que apurar el paso. -¿Apurar el paso? ¡Yo lo llevo apurando desde que salimos!
Para arriba que vamos, podemos tocar la cima con la punta de los dedos pero cada paso parece que se aleje un poco más, las nubes nos hacen un favor y cubren la salida del sol.
Eso nos dará una hora más, lo suficiente para descender la pared con seguridad. Aproximadamente a las 6:30 hacemos cumbre, pocas cosas pasan por mi cabeza, lo más importante es bajar, de nada sirve llegar hasta arriba si luego no se baja. Disfrutamos de la vista y la tranquilidad por unos minutos, hacemos un par de fotos y comenzamos el descenso. La bajada es muy dura, el sol ya ha salido y la nieve se agolpa en nuestras botas, la cabeza me duele por el esfuerzo y la falta de oxígeno, todo transcurre como en un sueño. En cada parada para descansar levanto mi cabeza, veo el paisaje y entiendo por qué estoy allí, por qué tanto esfuerzo. Al fin llegamos al campo base y soy el tío más feliz del mundo. Sé que no he sido el primero, que no he escalado la montaña más alta ni la más difícil, tampoco he llevado banderitas para hacerme la foto en la cumbre... pero, ¿qué importa?

