Asia

EL TREN DE LAS SEÑORAS

Viaje: 
La Ruta de la Seda

Por primera vez desde que comenzó el viaje mi rumbo busca la dirección del sol de poniente, por primera vez me dirijo a casa. Ulan Bator se difumina en el horizonte en un reguero deshilachado de yurtas y fábricas de lúgubre aspecto y mi mente está ya en Europa anticipándose a un cambio de cultura y de ritmo de vida que llegará sin duda con el cruce de los Urales.

MONGOLIA

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La Ruta de la Seda

Inmersos en el sopor hipnótico del que viaja en el tiempo, entramos en Mongolia imaginando presentes, futuros y pasados abrazados a una ventanilla que nos enseña, por si alguna vez lo olvidamos, que viajar es soñar, siempre soñar. Soñar con el próximo viaje y con el regreso. Soñar con volver a abrazar a los que dejamos en casa y con conocer a los que aún no estaban. Soñar con nuevos amigos, con otra puesta de sol y con leyendas de viejos sabios.

LA CIUDAD PROHIBIDA CAMBIA DE LUGAR

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La Ruta de la Seda

Al fin llegamos a Xian, punto y final de la ruta de la seda aunque no de nuestro viaje. Todavía faltan muchos kilómetros en tercera clase, antes de que nuestros caminos se vayan curvando hacia el oeste para tomar rumbo hacia la vieja Europa.

EL ETERNO ESTUDIANTE

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La Ruta de la Seda

Xinjiang es la última frontera de China, la más alejada y un territorio en el que sus habitantes no parecen darse cuenta que ya no estamos en Asia Central. Los mismos hábitos, trajes parecidos y una ligera mejora en la oferta culinaria. Los mismos mercados ruidosos, carros tirados por burros y mujeres musulmanas cubiertas con velo. ¿Pero, hemos entrado en China o no? Sí, hemos entrado, una estatua de Mao presidiendo la rutina diaria de Kashgar nos devuelve a la realidad.

BIENVENIDOS AL ABSURDO

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La Ruta de la Seda

Los valles que rodean la zona de Karakol son la meca del turismo. Descartadas otras alternativas por problemas burocráticos y climatológicos, nos sumamos al grueso de aventureros que vienen a rendir culto a los Apus del lugar. Los motivos son variados, algunos por esnobismo, por curiosidad o para ver de cerca las nieves que despuntan en el horizonte, otros por pura pasión por la montaña, y no falta algún americano, de los de salvar al mundo mascando chicle, que decide ser original cruzando los puertos más exigentes calzando unas sandalias.

EL TECHO DEL MUNDO II

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La Ruta de la Seda

Cansados de peatonear por el mundo nos lanzamos a explorar las estepas de Murgab en prestadas monturas de metal. Un viento huracanado se opone a nuestro avance, e incluso una tormenta de arena se suma al trabajoso esfuerzo que supone pedalear a más de tres mil quinientos metros por encima del mar. El camino, más largo y más duro de lo previsto, nos obliga a pasar la noche en una yurta plantada para extranjeros junto a una fuente de aguas termales.

EL TECHO DEL MUNDO I

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La Ruta de la Seda

Las ciudades de la antigua Unión Soviética y la burocracia están unidas por un lazo inseparable, y a pesar de tener todos los visados en regla, en Dushanbe tenemos que llevar al límite, una vez más, nuestros escasos conocimientos de ruso para cumplir todos los requisitos que exige el gobierno Tajiko. Un registro, un permiso para acceder a ciertos lugares del país, una mala excusa para dejar al visitante desprovisto de divisas.

NO PASARÁN

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La Ruta de la Seda

Nuestras horas en Tashkent llegan a su fin, los últimos papeles, una última lucha contra los burócratas, batalla perdida de antemano; y un último paseo por aquel extraño parque, cementerio de reliquias de una guerra, mientras Guillem se intenta deshacer de la moneda local, que de nada le servirá en nuestro próximo destino. Un grupo de ancianos, uniformados todos y todos con las chaquetas rebosantes de condecoraciones; obsequios sin valor al valor en la batalla, o a la tenacidad en los despachos.

EL TIEMPO NO PARA

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La Ruta de la Seda

Deseosos de abrir nuevos horizontes, de abandonar el Uzbekistán más turístico y de acercarnos a esas montañas que se asoman en el horizonte, alquilamos una cama de fakir para tres en un viejo tren. No es tiempo de lujos y subimos al vagón armados con tres minúsculos pasteles de carne y de frutos secos, con la certeza de que la venta ambulante satisfará nuestras necesidades durante la noche.

UN VIAJERO COMO OTRO CUALQUIERA

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La Ruta de la Seda

El tránsito por Turkmenistán se hace mas sosegado de lo que nos hacían imaginar los insuperables trámites burocráticos para conseguir el visado. Cruzar la frontera supone un choque frontal con una cultura diferente. Nos impresionan los cambios que ha obrado en nosotros el estar inmersos en una sociedad tan reprimida como la de Irán. Mujeres sin velo, hombres charlando abiertamente con ellas sin reparo en saludarlas o darles la mano despiertan nuestro instinto inducido por mes y medio de televisión de mullahs y prohibiciones absurdas.