Eslovenia

LA IGLESIA FLOTANTE

Viaje: 
La Ruta de la Seda

Deliberadamente nos alejamos de toda posible ruta que pudiera haber seguido Marco Polo para crear nuestro propio camino. No pretendemos comerciar más que con alguna mirada furtiva al fondo de las gentes que el futuro nos imponga, así que ningún sentido tiene buscar el camino más recto, el atajo que nos acerque aceleradamente a un destino que nadie nos fijó.

LA RIQUEZA SE MIDE EN MINUTOS

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La Ruta de la Seda

Un puñado de calles acurrucadas al abrigo del castillo salvan a Liubliana de ser una ciudad sin ningún atractivo. En esas calles se concentra la vida de la capital, y en sus terrazas se solean los eslovenos, que según hemos podido comprobrar, gustan de disfrutar de una buena cerveza o de un café en compañía.

DOS NOCHES EN PRISIÓN

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La Ruta de la Seda

Seguimos mirando al Adriático mientras nos sumergimos en las estrechas calles de Piran. Un mar antiguamente punto de partida de mercaderes en busca de fortuna, de guerreros en busca de batalla y de almas en pena en busca de aventuras.
Piran nos obsequia con poco más que su hospitalidad y su calma; hartos ya de jugar con nuestras propias sombras decidimos presentarnos ante la capital de la pequeña república.

DE VENECIA A PIRAN EN PRIMERA CLASE

Viaje: 
La Ruta de la Seda

Siempre algo queda atrás cuando uno dice adiós a una ciudad como Venecia, nuestros recuerdos quedarán allí flotando y cargaremos el olvido en la mochila, cuestión de peso.
Tomamos un tren hacia Trieste ajenos a las normas que rigen las vidas de los italianos. Ignorando que el peso de la ley se cernía sobre nuestras cabezas matábamos el rato a golpe de naipe mientras un revisor, fiel guardián celoso de sus leyes, afilaba la punta de su lapicero para rematar con una estocada manuscrita una multa de mil euros.