RAS DE CARANÇA-MARIALLES

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La vuelta al Pirineo

Encuentro el refugio de Carança encajonado en el valle. Me siento a esperar la cena junto a John y Richard, tomando una cerveza. John bromea sobre el marcapasos de Richard: “Este hace trampas, cuando la cosa se pone fea, la máquina se pone a ritmo y así sube...”, mi sorpresa se hace mayor aún cuando me cuentan que Richard se prepara para participar en un carrera de montaña en Inglaterra.

BOLQUERA-RAS DE CARANÇA

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Entro en la población de Bolquera contento por haber terminado la jornada; en un bar pregunto por el Albergue de Les Ramiers y mi sorpresa llega cuando me explican que lo he dejado tres kilómetros atrás. Entonces viene a mi memoria como una felicitación de Navidad en Agosto, que ya me lo advirtieron. Me insulto, no puedo creer mi falta de memoria, pero el mal ya está hecho. Comienzo a barajar las posibilidades, pregunto si hay algún albergue en el pueblo, pero me arrepiento.

REFUGIO DE BESINES-BOLQUERA

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Con mi llegada temprana al refugio de Besines, la tarde se presenta vacía ante mí, mato las horas mirando las formas piramidales del Puig Pedrós que la niebla ha descubierto, leyendo el libro que transporto en la mochila o charlando con la gente que va llegando al refugio.

MÉRENS-REFUGIO DE BESINES

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La tarde pasa lentamente en el refugio de Mérens. Después de más de dos meses y medio sin otra meta que seguir caminando, se hace duro estar parado frente a la ventana mirando las nubes agolparse en las montañas.

REFUGIO RULHE-MERENS

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Después de la dura jornada el refugio de Rulhe se me presenta como un oasis en medio del desierto, promesa de descanso, ducha caliente y plato servido. Las vistas desde su terraza tientan al caminante a dejar pasar las horas frente a las montañas, ver bailar a la niebla y ser testigo de la danza de los planetas por la manera en que la sombra va corriendo montaña arriba.

COL DE SASC-REFUGIO RULHE

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La cabaña que encuentro en el Col de Sasc es muy básica, no tiene puerta y la niebla se cuela dentro brevemente, para curiosear en su interior y luego marcharse. No me importa, este será mi lugar para pasar la noche, no me apetece seguir avanzando entre la niebla y tampoco sé cómo encontraré las otras cabañas. Construyo una puerta de emergencia y después de una rápida cena me acuesto en mi lecho de pobre.

GOULIER-COL DE SASC

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L´Ariège es una tierra despoblada y salvaje comparándola con las otras regiones del Pirineo francés que he recorrido hasta ahora. Se encuentran con frecuencia casas abandonadas, camino durante horas sin ver un alma. Reina el silencio, sabio consejero, que con su callar deja pensar libremente a una mente desaturada de los ruidos habituales del mundo.

MARC-GOULIER

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Del episodio del albergue de Mounicou me olvido pronto, nada más llegar a la carretera una amable familia me hace un hueco en su abarrotado vehículo, que víctima de las vacaciones del clan, está obligado a transportar una carga excesiva. Me depositan en Marc sin acuse de recibo y cruzo los dedos para que haya lugar para mí en el único sitio posible del pueblo.

AULUS-LES-BAINS-MARC

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Ya casi había olvidado lo que era una población con movimiento de gentes por las calles, coches, tiendas y una carretera por donde pasa el “tour”. Ando medio desorientado y después de preguntar en la oficina de turismo llego por fin al acogedor albergue de “La Goulue”. Es una casa grande decorada sencillamente pero con gusto; eso y la cocina esmerada de Danièle y Laurent tientan al viajero a quedarse más de un día, a tomarse la vida con calma, a saborear las horas y las comidas.

ROUZE D´USTOU-AULUS-LES-BAINS

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Cierro la puerta apoyando mi espalda contra ella, respiración profunda, empapado en sudor miro por la ventanilla a ver si están ahí. Como en una de esas películas de terror, al fin me he podido deshacer de esas criaturas del demonio. En el albergue no hay nadie, me siento y me sirvo una cerveza. Espero hasta que he recuperado el aliento y me armo de valor antes de acercarme a la casa de al lado para avisar de mi llegada. Me recibe una mujer joven, de bonitos ojos azules:

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