SALLENT DE GÁLLEGO-PUERTO DE SOMPORT

Viaje: 
La vuelta al Pirineo

En Sallent, junto a una bien merecida cerveza, en una de las pocas terrazas que están abiertas entre temporadas, aprendo que no son realmente mariposas lo que busca esa chica que andaba persiguiendo sueños con alas; son dos especies de polillas diurnas que habitan en el Pirineo a diferentes alturas. El proceso de estudio, me cuenta, es bastante complicado ya que no vuelan todos los años, así que hay que remover flores, piedras y cualquier escondrijo en el que pueda haber orugas, capullos o huevos.

PANTICOSA-SALLENT DE GÁLLEGO

Viaje: 
La vuelta al Pirineo

La llegada al refugio “Casa de Piedra” supone un alivio para mis músculos entumecidos por el frío que se ha agarrado a mi cuerpo durante el largo descenso bajo la lluvia. Me libro de mis ropas mojadas y comienzo el ritual de preparación de todo el material para que esté listo y seco para la jornada siguiente.

BUJARUELO-PANTICOSA

Viaje: 
La vuelta al Pirineo

En el refugio de Bujaruelo la buena compañía se prolonga durante unas horas más; disfruto de la cena con los últimos montañeros del fin de semana; es fiesta el lunes en Cataluña y algunos arañan las horas para retrasar el inevitable reencuentro con la ajetreada vida de la capital. También quedan Sandra y Ana, que a pesar de contarse entre los afortunados habitantes del Sobrarbe pueden disfrutar de un lunes de reposo en las montañas.

TORLA-BUJARUELO

Viaje: 
La vuelta al Pirineo

Después de la agotadora marcha desde Pineta a Torla; donde afrontamos la más dura subida de toda la travesía, aprovecho las comodidades del hotel Edelweiss para alimentarme bien y descansar. La cara buena de darnos una paliza de jornada y media en un solo día es que hoy, domingo para más señas, tenía en frente un paseo dominical; no hay mucha distancia a cubrir, no hay que levantarse temprano.

REFUGIO DE PINETA-ORDESA-TORLA

Viaje: 
La vuelta al Pirineo

A la llegada al refugio de Ronatiza me encuentro a Quique, sorprendido me pregunta si soy yo ese Jorge que está dando la vuelta al Pirineo, y al confirmar sus sospechas suelta una sonora carcajada. A Quique le conocí hace ya diez años, cuando abrieron el refugio, y sigue manteniendo esa particular visión de la vida que le hace apartarse de la corriente que empuja a casi todo ser humano a formar parte de la masa social.

PARZÁN-REFUGIO DE PINETA

Viaje: 
La vuelta al Pirineo

Por algo me alegré al entrar en Aragón, ayer en Parzán recibí con alegría la visita de los compañeros que me siguen día a día desde Aínsa. Después de unas cuantas semanas en solitario alegra la vida una buena cena en mejor compañía como cenamos ayer en La Fuen. Gracias a todos, ya he acumulado energía suficiente para seguir caminando.

REFUGIO DE BIADÓS-PARZÁN

Viaje: 
La vuelta al Pirineo

La tarde pasa lenta en la cabaña de Biadós, nadie con quién charlar y no hay más distracción que ver pasar las nubes por entre las cimas más altas. Avanzo en la lectura del libro que compré en Viella, ceno pronto y me acuesto a la espera de que llegue otro día.

PUENTE DE SAN CHAIME-REFUGIO DE BIADÓS

Viaje: 
La vuelta al Pirineo

Gracias a César y a Lorena me evito de caminar los más de tres kilómetros que separan el puente con Benasque; y gracias a Javier puedo disfrutar de un alojamiento con todas las comodidades. A pesar de esto en la noche se suceden el sueño y la vigilia atormentado por fantasmas del presente que tambalean los andamios en los que se apoya mi calma. Otra vez la misma canción sonando en mi cabeza, llega el alba y despierto sin haber descansado lo suficiente.

HOSPITAL DE VIELLA-PUENTE DE SAN CHAIME.

Viaje: 
La vuelta al Pirineo

De buena mañana me despierto con una sensación que me recuerda a una película en la que el protagonista vivía una y otra vez el mismo día, abro las persianas del refugio y veo con sorpresa que quizás hoy sí pueda continuar, incrédulo subo a desayunar, parece que el tiempo se va aguantando así que despierto a mi amiga que hace dos días que duerme plácidamente y me la echo de nuevo a las costillas.

DESCANSO EN VIELLA

Viaje: 
La vuelta al Pirineo

Abro los ojos, son las siete de la mañana y todavía dormido, esperanzado, con los dedos cruzados abro las persianas que me velan la realidad del mundo exterior. Como a la caída de un telón se abre ante mí un paisaje blanco donde ayer las montañas se asomaban verdes por entre las nubes. Desorientado por el sueño y por la visión ante mis ojos compruebo una y otra vez el calendario, no tiene sentido, me encojo de hombros y resignado me dispongo a tomar el desayuno.

Distribuir contenido